lunes, 3 de junio de 2013

EL POETA FALSARIO

 

Personas de exiguo talento utilizan fórmulas estrambóticas para hacer creer que lo tienen; y no se ruborizan cuando lanzan a los cuatro vientos sus 'virtudes'.
Tuvo gran repercusión los versos de un 'pseudotalentoso' poeta entrado en años, que no eran más que estrofas de coplas antiguas, desconocidas para los –relativamente- jóvenes escritores.
Pero un día sucedió lo imprevisible.
El falsario poeta, a modo de presentación, tuvo la original idea de pregonar sus versos en una casona señorial, y para tan gran ocasión, invitó a lo más florido del mundo literario de la provinciana ciudad.
Cuando llevaba recitando la tercera entrega de sus manuscritos, con voz engolada y cadenciosa, -creyendo que así lo hacía de maravilla para cautivar a sus oyentes-, ¡asomó lo inesperado! En una de las pausas que hacía entre líneas, surgió de la nada un hilo de voz cantando a duras penas una canción con ¡las mismas letras que el recitador!
Todos los presentes miraron hacia el lugar de donde salía la voz. Era una anciana, sentada en una vieja mecedora, que entre meneo y meneo, cantaba con dificultad y emoción unas coplas que no eran otras que las mismas que recitaba el embaucador.
Uno de los presentes, sorprendido y a la vez curioso, se acercó a la enjuta anciana, y le preguntó:
-¿De dónde conoce esas letras?
-Las cantaba mi abuela; se las enseñó mi abuelo cuando regresó de Cuba.
Y era cierto.
La anciana conocía muchas coplas olvidadas en el tiempo, que su abuelo se las cantaba a su abuela cuando regresó de la última de las colonias en Hispanoamérica: Cuba.
¿Y cómo sabía el falsario y embaucador poeta las letras? Muy sencillo. Este, había emigrado a tierras del Nuevo Mundo tras la guerra civil española, y ya de vuelta se aficionó por la poesía, llegando a hacerse un nombre entre sus colegas literarios; sin embargo, estos no sabían que los más bellos versos eran coplas del año en que se perdió Cuba.

©antonio capel riera.

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