domingo, 11 de diciembre de 2011

El “Tata” Belzu, un presidente cornudo

                -El “Tata” sigue enojado –dijo Cirilo a su mujer, mientras ésta desgranaba unas mazorcas de maíz.
La mujer se detuvo, miró a su marido y dijo:
-Hay que llamar al padrecito Juan.
Cirilo, tras guardar las botas relucientes del “Tata” Belzu, se puso el grueso poncho y se encaminó a la iglesia.
El padre Juan les tenía ordenado que cuando el presidente Isidoro Belzu despertara con un humor de perros, inmediatamente debían de llamarlo. Y así lo hacían. La última vez que el “Tata” Belzu amaneció irritado había mandado llamar a sus húsares para ir a la finca de los Ballivián. Era una obsesión enfermiza que tenía contra dicha familia.
Y tenía sus motivos. Isidoro Belzu nunca pudo olvidar la afrenta que le hizo el ex presidente Ballivián. Resulta que el susodicho era entonces presidente de Bolivia, se estaba aprovechando de la esposa del ‘“tata” Belzu; y para tener el campo despejado destinó a Belzu, coronel en esa época, a un puesto fronterizo con Perú. Pero un día, Belzu regresó a La Paz apresurado; le habían dicho que su madre estaba muy enferma, y lo que descubrió fue otro asunto que le marcó para toda la vida: sorprendió a su mujer y a Ballivián placiéndose en su propia alcoba.
La reacción del marido ofendido fue antológica:
-¡Cómo es posible que una mujer culta y refinada se entregue a devaneos eróticos! -  dijo, intentando utilizar un lenguaje culto, ya que su mujer, Doña Juana Manuela Gorriti era escritora, muy nombrada en los círculos de la alta sociedad paceña.
Y ésta, que era descarada por demás, le respondió hiriendo donde más le dolía al pobre "Tata” Belzu: en su ignorancia.
-Simplemente entreno con oficiales del alto rango cultural e intelectual –matizó burlonamente mientras se vestía con guasa.
Belzu no pudo controlarse. Sacó el sable y dio un golpe encima de la cama con tal fuerza que la hoja del arma blanca quebróse por la empuñadura. Gracias a tal hecho Ballivián salvó la vida. Salió presto en calzoncillos, montó como pudo en su caballo y llegó a Palacio como alma que lleva el diablo. Inmediatamente ordenó a su guardia que detuvieran al coronel Belzu, degradándolo a último recluta del regimiento.
El “Tata” juró venganza. Y al cabo de unos meses organizó una revuelta para echar a su odiado rival. Y lo consiguió, llegando a ser presidente en 1848. Durante su mandato se prometió a sí mismo que iba a lavar su imagen y dignificar su nombre, ya que en todos los círculos lo conocían como “el presidente cornudo”.
Juró y perjuró que iba a acabar con todo lo que estuviera relacionado con el apellido Ballivián. Durante los casi diez años de presidente, su odio se hizo enfermizo. De ahí que tuvieran que solicitar los servicios del padre Juan, su confesor, quien era el único que podía apaciguar los ánimos crueles hacia los Ballivián, quienes finalmente tuvieron que huir del país.
-¡Padrecito! ¡Padrecito!  –dijo Cirilo aporreando la gruesa puerta de la parroquia-. El “Tata” se está alistando para darles huasca a los Ballivián.
-Ya voy, ya voy –se oyó decir detrás de la puerta al padre Juan, con voz cansina.
©AntonioCapelRiera

*(Isidoro Belzu, Presidente de Bolivia 1848-1855)

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