domingo, 6 de noviembre de 2011

COLON, EL TAIMADO, NO FUE EL PRIMERO.

-¡Me ha engañado! ¡Es un sinvergüenza! –vociferaba en la vieja taberna cerca del palacio, Juan Rodríguez Bermejo.
                Los presentes oían con asombro las palabras malsonantes que hacía el famélico marino. No se explicaban de su atrevimiento cuando a escasa distancia se encontraba la guardia real de los reyes católicos esperando a Cristóbal Colón. Era un 15 de marzo de 1493, día de fiesta: Colón acababa de llegar del Nuevo Mundo, e iba a informar de su descubrimiento a los reyes.
                Uno de los presentes, sentado en una desvencijada silla, y que ya llevaba unas copas demás de vino tinto, se animó a preguntarle al desaliñado marino:
                -¿De quién habláis?
                -Del Almirante Colón –dijo en voz alta-. ¡Me debe 10.000 maravedíes!
                -Eso es mucho percal –dijo el borrachín. Y añadió: -¿Por qué os lo adeuda?
                El marino se colocó encima de una silla, alzó un brazo y exclamó vociferando:
                -¡Tierra! ¡Tierra! –y dirigiéndose al curioso dijo: -Yo, Juan Rodríguez Bermejo, conocido como Rodrigo de Triana, sevillano de pura cepa, he sido el primero en ver tierra.
                En un santiamén se vio rodeado de curiosos, algunos eran miembros de la guardia real. Pero Rodrigo de Triana no se amilanó. Al contrario, se enardeció, se sentía estafado. Insistía en que Colón lo había engañado, no había cumplido lo prometido en premiar con los 10.000 maravedíes al primero que viera tierra.
                Y era verdad.
                Cristóbal Colón no entregó la recompensa al marinero Rodrigo de Triana, además mintió. Dijo que él había sido el primero en divisar tierra americana. Y no era cierto porque Colón iba en la carabela ‘La Niña’, por detrás de ‘La Pinta’. 
                Ante el revuelo que se montó en la taberna, la guardia real se dispuso a arrestar al enfadado Rodrigo de Triana para llevarlo al calabozo, pero afortunadamente para el marino, pasaba la Comitiva en la que se encontraba fray Bartolomé de la Casas, y éste, conocedor de los hechos de primera mano, interpeló por el hambriento marino.
                -Este hombre dice la verdad –dijo fray Bartolomé-. El Almirante Colón iba detrás y difícilmente pudo avistar tierra antes que Rodrigo.
                Y soltaron al pobre Rodrigo, quien decepcionado se fue al norte de África con una mano delante y otra detrás, terminando sus días convertido al Islam.
               
               




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