domingo, 3 de octubre de 2010

104 AÑOS...y como una rosa!


Son 104 años los que tiene la señora Juana, pero bien llevados. Está demostrado que la longevidad está reñida con la obesidad. La mayoría de personas ancianas que conozco con más de 90 años son delgadas. Así es; por la clínica pasan más de 50 nonagenarias, cosa rara hace 20 años ya que en este nuevo siglo con relativa facilidad se superan los 90 abriles.
Éste es el caso de la señora Juana; de contextura delgada y estatura baja, le angustia andar pero camina; le impacienta no ir más rápido para abrir la puerta o contestar el teléfono, pero lo consigue. ¡Menuda naturaleza!
De cabeza va de maravilla, es un portento, sobre todo, cuando evoca historias de principios del 1900. Son muchas las remembranzas que lleva a cuestas en sus 90 años. Algunas las cuenta con nostalgia, otras con tristeza, otras con ira... Tiene una retentiva excepcional, principalmente de la Guerra Civilespañola y de la Segunda Guerra Mundial.
-¡Cuánta hambre pasamos!- recuerda con rabia y tristeza. – Recorríamos 15 kilómetros para recoger las cortezas de las patatas que pelaban los soldados.
-Sin embargo, ahora que tengo de todo, no puedo comer; me lo ha prohibido el médico y cuando no tenía me comía hasta las piedras -ríe divertida.
Otros de los secretos de su ancianidad es su sentido del humor. A cualquier anécdota le añade una pizca de humor. Al salir de la clínica siempre repite la misma despedida porque sabe que hace gracia a los presentes en la Sala de Espera:
-¡Estoy apesadumbrada Don Antonio!- se lamenta ostensiblemente mirando de reojo para comprobar que la están oyendo. -¡Quién me va a curar cuando usted se jubile!
El asombro y la carcajada es general y la señora Juana se marcha satisfecha por haber logrado su propósito.
"El que no valora la vida no se la merece".
Leonardo Da Vinci

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