martes, 28 de septiembre de 2010

¡El abuelo se va de fulanas...!¡Hay que pararlo!

Don José hizo una gran fortuna con la exportación de cítricos y con la venta de agua de sus embalses para el riego de limoneros, naranjales y mandarinas. Eran muchos los agricultores que necesitaban agua para sus cultivos y Don José les vendía el líquido elemento obteniendo enormes ganancias. ¡Dichosa escasez de agua!
A pesar de ser Licenciado en Derecho, Don José nunca ejerció la profesión, sin embargo, le fue muy útil para el desarrollo de su empresa. Exportó a casi toda Europa y parte de África. Tiene tres hijos a los cuales les ha dado lo mejor que se puede dar: carreras universitarias. Dos de ellos son abogados y otro médico.
Al cumplir los setenta años Don José enviudó, liquidó la empresa y repartió el dinero en cuatro partes: tres para los hijos y una para él. A cada uno tocó a mas de dos millones de €uros, dinero mas que suficiente para vivir como un Sultán.
Los hijos, pese a estar en muy buena posición económica, este obsequio millonario les supuso una sorpresa imprevista. Cambiaron de coche, planificaron un crucero e hicieron innumerables fiestas. ¡La familia feliz!
Pero al poco tiempo todo empezó a violentarse. El padre empezó a frecuentar una afamada cafetería cerca del edificio donde viven los hijos, acompañado de mujeres de dudosa reputación. Un día aparecía con una morena espectacular, otro, con una rubia despampanante, en fin, no pasaba inadvertido su comportamiento para los vecinos del barrio. No podían creer que Don José, casto y puro, de misa dominical y padre ejemplar anduviese en esos devaneos amorosos.
Pronto llegó a oídos de los hijos las aventuras amorosas de este “añejo casanova”, y decidieron celebrar una reunión urgente de familia porque se estaba convirtiendo en la comidilla del barrio y de la ciudad, y vivía mancillando el honor de la familia, además, de desprestigiar profesionalmente a los hijos.
-No es posible que Papá se gaste diariamente 300 €uros en fulanas- gritaba el médico a sus hermanos en su consultorio, lugar donde se estaba llevando a cabo la reunión.
-Así es- ratificó uno de los hermanos. –Nos lo ha dicho Pepe el del bar; además nos lo ha confirmado el Director del Banco. Dice que retira 500 €uros todos los días.- recalcó el hijo.
-Hay que dar una solución urgente- dijo el abogado, el menor de los hermanos.
Los tres hermanos decidieron solicitar un Informe del Psiquiatra para certificar que el padre había perdido el juicio. Dicho, pero no hecho. El anciano se negó rotundamente visitar la consulta del facultativo.
-Terminante me niego ir al Psiquiatra. ¿Acaso estoy loco?- reclamaba a sus hijos.
-No se trata de eso Papá, solo queremos velar por tu salud y por tu bienestar. Sabemos que últimamente estás gastando mucho dinero- dijo el médico.
-A vosotros que os importa lo que yo me gasto. Es mi dinero.- se defendía Don José. -¿No os he dado estudios universitarios? ¿Es que os parece poco el dinero que he repartido?- se quejaba el padre.
En tanto Don José continuaba con sus amoríos, sus hijos enrojecían de ira cuando le enumeraban las hazañas seductoras del padre, de manera que tomaron la decisión de iniciarle una demanda alegando un trastorno psíquico.
Para ello, el forense judicial tuvo que hacerle un reconocimiento exhaustivo y completo para convencerse de que estaba en perfecto estado mental y así evitar una nueva exploración que, con toda seguridad iban a solicitar los hijos.
Llegó el día del pleito y el Juez dio la razón al anciano. Dictaminó que estaba en perfectas condiciones mentales y no sufría ninguna perturbación que le impidiese hacer con su dinero lo que le venga en gana.
Tanta fue la afrenta para los hijos que tuvieron que cambiar de domicilio, no soportaban los comentarios jocosos y socarrones del los vecinos; en tanto el abuelo tarambana, era la alegría del bar.

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